El Gusto de Orar

La mayor parte de los creyentes dentro del cuerpo de Cristo, sabemos que la oración es una actividad que todos deberíamos hacer, y que es algo que beneficia, de alguna manera, nuestra caminata espiritual. 

No obstante existen diversos factores que producen que nuestra vida de oración se vea reducida, muchas veces, a un ejercicio espiritual poco atractivo para hacerlo frecuentemente. Por ende es algo que queda relegado a un segundo plano.

Entre los factores que pueden afectar nuestra vida de oración se encuentra una mentira que el enemigo quiere sembrar en nuestra mente y afecta nuestra actitud hacia la oración. Se trata de que la oración es algo tan aburrido, pesado y sacrificado que no vale la pena emplear mucho de nuestro “VALIOSO” tiempo en ella. Consideremos por un momento el siguiente pasaje en Hechos 7:22,25

“… _Jesús es hecho fiador de un mejor pacto… por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por el se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He 7:22,25)

Según esto, Cristo se dedica constantemente a orar e interceder por nosotros. El es el Creador y Dueño del Universo, y El puede hacer lo que El desee, pues nadie le da órdenes. El es Rey soberano y Señor de todo, de manera que si El se dedica a la oración, es porque le produce gozo y alegría; de lo contrario, no seria algo que El vive haciendo. Obviamente, Cristo ha encontrado en la oración tal profundidad de Su relación con el Padre, que le produce un gozo que nosotros todavía no hemos hallado.

Uno de los versículos mas cortos de la Escritura contiene la instrucción de algo que es vital en la caminata de todo Cristiano, y que sin embargo es algo que, generalmente, preferimos colocar en algún “rincón” de nuestra mente y olvidarnos de ello

¿Hablaba en serio el apóstol Pablo? 

Es posible que, para muchos, esta declaración parezca una exageración, pero el Espíritu Santo fue quien se encargo de que eso quedara registrado en la Biblia. Aunque muchos tienen la idea que para tener una vida de oración verdadera y constante, se necesita ser un ministros religioso o una persona extraña, creemos que para lograrlo, principalmente, debemos llenar un requisito: ser pobres en espíritu.

El termino “pobre” que se encuentra en este versículo hace referencia a una persona que ha sido reducida a la miseria; se trata de alguien destituido de riqueza, influencia, posición y honor. En otras palabras, un mendigo, un necesitado. Si estamos consientes que esta es la condición real de nuestro corazón, del corazón de los pobres en espíritu surge un clamor constante, como vemos en el caso del rey David

Aquel que tiene un clamor verdadero en su corazón puede cumplir 1 Tesalonicenses 5:17. La primera Bienaventuranza del sermón del monte, ser pobre, en espíritu, es tal vez, la mas importante. Solo el que ve su necesidad llevará una vida de oración genuina. La persona que tiene mucha confianza en si misma no necesita mayor socorro; ella clama de vez en cuando al necesitar algo de asistencia. Pero el que es pobre en espíritu, es decir, con la actitud de un limosnero, mendigo o necesitado, siempre tendrá un clamor delante de Dios. 

Una forma de evaluar si somos pobres en espíritu es considerar cuánto tiempo oramos y pedimos la ayuda del Señor; si somos verdaderos pobres y necesitados, será algo que haremos constantemente.

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